La afectación de la gentrificación de la CDMX para las personas de 50 años o más es un tema que toca fibras profundas. No es solo cuestión de renta o edificios nuevos. Es el alma del barrio, los vecinos de siempre, el tianguis de los martes, la tiendita de Don Ernesto, lo que de pronto empieza a desaparecer.
Y aunque el progreso es bienvenido, también es cierto que muchas personas mayores de 50 —quienes han construido su historia en estas calles— se enfrentan hoy a retos que no buscaron.
¿Qué es la gentrificación y por qué nos está afectando?
La gentrificación ocurre cuando llegan nuevos habitantes con mayor poder adquisitivo a zonas tradicionales, lo que eleva los precios, modifica el entorno y expulsa a quienes llevan décadas viviendo ahí.
En la CDMX, colonias como Roma, Condesa, Juárez, Centro Histórico, Escandón y más recientemente, Santa María la Ribera y partes de Coyoacán, están en pleno proceso de transformación.
Para muchos adultos de más de 50 años, esta transformación ha traído un sentimiento de desarraigo:
- Las rentas suben de forma desproporcionada.
- Los servicios y comercios se ajustan a nuevos gustos, dejando de lado las necesidades de los residentes de toda la vida.
- Hay una sensación de pérdida de comunidad: los rostros conocidos desaparecen, y con ellos, el sentido de pertenencia.
Según el estudio “Gentrificación y desplazamiento en la Ciudad de México” del Instituto de Geografía de la UNAM, estos procesos han provocado desplazamientos indirectos y “expulsiones silenciosas” de personas mayores que ya no pueden pagar el costo de vivir en su propio barrio. Puedes consultar el estudio aquí.
¿Qué colonias están cambiando y cómo se ve eso en nuestra vida diaria?
Imagina vivir 40 años en la misma calle de la Roma, saludar a los mismos vecinos, comprar las tortillas en el mismo lugar. Hoy, ese espacio se ha llenado de cafeterías artesanales, airbnbs y bicicletas eléctricas… pero no hay lugar para ti en ese menú.
Algunos ejemplos reales:
- En la Condesa, de acuerdo con Excélsior, adultos mayores están abandonando sus hogares por la presión inmobiliaria.
- En el Centro Histórico, muchos dueños de locales tradicionales han cerrado por la falta de clientela habitual y el aumento del costo de mantenimiento.
¿Y cómo nos afecta emocionalmente?
No es solo mudarte. Es dejar atrás los recuerdos, el consultorio del doctor que te vio desde joven, el parque donde jugabas con tus hijos.
La gentrificación también genera ansiedad, tristeza y frustración, especialmente cuando no se siente como una elección, sino como una imposición.
Sentir que “ya no perteneces” en tu propia colonia es una forma silenciosa de violencia urbana. Pero también es una oportunidad para reivindicar nuestro derecho a habitar la ciudad con dignidad.
¿Qué se puede hacer? Opciones, resistencia y comunidad
Aunque no siempre podemos detener estos cambios, sí podemos:
- Organizarnos comunitariamente, como lo han hecho vecinos de Santa María la Ribera que frenaron algunos desarrollos abusivos.
- Solicitar orientación legal para defender contratos de renta y evitar desalojos injustos.
- Alzar la voz: contar nuestras historias en redes, en medios y en reuniones públicas.
Además, varias alcaldías ofrecen programas de protección al adulto mayor y subsidios que pueden ayudar. Te recomendamos acercarte al área de participación ciudadana de tu delegación o consultar los programas del INAPAM.
Envejecer no debería significar desplazarte
Después de los 50, merecemos estabilidad, memoria, arraigo y respeto. La ciudad también nos pertenece, y nuestra experiencia es clave para su equilibrio.
No se trata de frenar el cambio, sino de asegurarnos de que ese cambio nos incluya.
¿Y tú, cómo has vivido estos cambios en tu barrio?
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¡La ciudad se construye con nuestras voces!
Y si este artículo te hizo recordar tu barrio con cariño o con nostalgia, compártelo con alguien que también lo haya visto transformarse.










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